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La Madre ideal…

Cuando se acerca el llamado “Día de la madre”, la publicidad se apresta a sacar toda su artillería para dar en el blanco. El márketing y las estrategias de ventas, apelan a la sensibilización masiva, que este tema produce en las personas.  Concursos de poesías, tarjetas y todo lo relacionado a una fecha tan sublime, gira indefectiblemente en torno a la“Madre ideal”. Si nosotros   pudiésemos  hacer una encuesta, respecto a cuál es la “madre ideal”, obtendríamos sin lugar a dudas ¡innumerables respuestas! Algunas personas, opinarían que la “Mamá ideal”, es aquella que está en la casa y que es ella misma en persona, quien  se encarga de los hijos. Que cada día le prepara su comida, equilibrando bien los nutrientes y que es quien coloca un remiendo, o repone los botones que se han caído de su ropa. Dirán también que la “mamá ideal”, es aquella que, teniendo muy  escasos recursos y aún con un padre ausente, o presente a medias, es capaz de llevar adelante la crianza de sus hijos, cumpliendo a cabalidad ambos roles. Este prototipo de mamá, encaja casi a la perfección con el modelo de la “Mujer virtuosa” descripto en Proverbios 31: 10.

Si continuamos con la encuesta, tendremos otro grupo de personas, que opinarán que la ”Madre ideal”, es aquella que aunque trabaje fuera del hogar, ya sea para contribuir con los gastos, o para realizarse personal y profesionalmente, sin embargo, no deja de llevar el control en la crianza de sus hijos. Según la opinión de quienes defienden esta hipótesis, este tipo de mamá, es “ideal”, porque aún en medio de las muchas actividades que desarrolla, ella encuentra el espacio para compartir con cada uno de sus hijos. Se hace el tiempo para escucharles, aconsejarles, y aún tener actividades recreativas, o salir de compras. Es capaz de  atender a las necesidades específicas de cada uno, según el sexo y  la edad de sus hijos. Todo esto, sin olvidar que revisa las tareas escolares y participa de las reuniones en el colegio y asiste la iglesia. En otras palabras, esta clase de mamá, es además de polifacética, totalmente equilibrada en todo; por eso, merece el título de “ideal”. Particularmente, creo que cada una de estas hipótesis, merecen todo el respeto y la consideración, pues  ambas posturas, son emitidas por personas que, o están opinando como hijos, o como padres. Es evidente entonces, que hablan con conocimiento de causa, o con autoridad.

Un misionero me habló una vez, acerca de que la “Madre ideal”, es aquella que es capaz de “soltar”. ¿Cómo es eso le pregunté? Como respuesta, el misionero me contó lo que hacen las mamás águilas con sus polluelos (aguiluchos). Me dijo que primeramente, le ponen el nido incómodo. Que les mueven los palitos, como para que al hincarles, ya no les resulte tan acogedor permanecer allí. Luego, los llevan al borde del nido y les dan un empujón al vacío. ¡Aquello me pareció tan cruel! El  misionero me explicó, que las madres se colocan debajo de ellos, de manera que si el aguilucho no está preparado para volar, no caerá al vacío, sino que “arterrizará” sobre la mamá. Esto se repite varias veces, hasta que el polluelo mostrará que está apto para volar. Si se quedaran en el nido, me dijo corren serio peligro, pues hay unas serpientes que se deslizan hasta allí, para alimentarse de estos polluelos. ¡Tremenda lección! Tenemos el ejemplo de María, la mamá de Jesús, que aunque desgarrada por dentro ¡no atajó a su hijo, cuando éste emprendió el camino a la Cruz! Ella sabía que si se aferraba a el, lo desviaría del propósito por el cual vino al mundo. La mamá de Moisés, no dudó en “soltar” a su bebé, para que viva. Lo colocó en una canastita de juncos, a la que calafateó con asfalto y brea. Lo preparó para que sobreviviera en el río Nilo, hasta que la hija del Faraón lo rescató de las aguas. (Exodo 2:3-10). Haz como ella…

¡Prepara el corazón de tus hijos mamá; calafatéalo con brea y asfalto, para que puedan sobrevivir en este caudaloso Nilo, que es mundo! Dios los rescatará de allí para cumplir en ellos su propósito. El amor más grande, el verdadero, es el que “suelta” ¡el que da! (Juan 3:16)  Aunque te duela que abandonen el nido ¡enseña a tus hijos a volar!  ¡FELICIDADES MAMÁ!

Autora: Estela Schüsselin

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