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Mi padre me ama Tanto

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De un padre a su hijo.

Publicado en FamiliaNiñezPadre el 21 Agosto 2008 -

Tiempo de lectura 2′36 minutos

Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por los cabellos y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.

Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.

Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos unos pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mí te indiqué que caminaras erguido.

Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.

Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude.

¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?

Luego escuché unos golpecitos en la puerta. “Adelante” dije adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.

Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte?
No contestaste… Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.

Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba. “Hasta mañana, papito” me dijiste.

¿Qué es lo que estaba haciendo?, ¿por qué me desesperaba tan fácilmente?
Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.

Tú tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobre todo, sabías demostrar amor. ¿Porqué me costaba tanto trabajo?, ¿porqué tenía el hábito de estar siempre enojado? ¿Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. ¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?

Después de un rato entré a tu habitación y encendí una lámpara con cuidado. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé. Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y le pedí Perdón al Señor en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación. Al día siguiente, tu también me perdonaste.

Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día
sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo,

ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores,
te amo más que a mi vida…

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25 puntos para criar a nuestros hijos.

Publicado en Familia el 28 Febrero 2009 -
Tiempo de lectura 2′48 minutos

familia11. No permita que sus hijos murmuren, ni que hagan pucheros, ni que lloren porque no les gusta lo que usted les ha mandado a hacer.

2. No permita que sus hijos respondan con una actitud de desafío a una orden dada por usted, ni tampoco permita que le rueguen o le supliquen para que usted cambie lo que les ha dicho que hagan.

3. Insista en que sus hijos lo obedezca pronto, totalmente, y de buena gana.

4. No repita la misma orden muchas veces. Si sus hijos no obedecen, tome las medidas necesarias para que obedezcan.

5. No permita que sus hijos pongan el pretexto de: “se me olvidó” o “no lo oí”, cuando se hubiera podido recordar y hubiera podido oír. Exija la obediencia y ellos aprenderán a recordar y oír.

6. Alabe con moderación el mejor esfuerzo de sus hijos, y sus buenas intenciones al hacer algo, aunque el desarrollo no sea bueno.

7. No alabe a sus hijos de tal manera que se sientan superiores a sus compañeros, ni más adelantados que ellos.

8. No se enorgullezca delante de sus hijos, ni delante de los compañeros de sus hijos,  ni en su corazón cuando ellos tiene capacidad e inteligencia sobresalientes. Regocíjese más bien cuando ellos son obedientes y aprenden con deleite la sabiduría y el temor de Dios.

9. No permita que sus hijos le corrijan a usted ni a otros adultos, a menos que lo hagan con mansedumbre y humildad.

10. Enseñe a sus hijos a esperar su turno con paciencia. Quíteles ese espíritu de “yo primero”.

11. Nunca permita que sus hijos se habitúen de hablar y actuar teniendo lástima de sí mismos. Ellos necesitan aprender que no todas las cosas en el mundo son justas.

12. Nunca apoye a sus hijos cuando estén en error.

13. Nunca permita que sus hijos pongan pretextos por su mal comportamiento, ni que les echen la culpa a otros. Enséñeles que ellos son responsables por lo que han hecho.

14. No exija que sus hijos cumplan con una tarea que sea superior a su capacidad.

15. Nunca castigue a sus hijos hasta que usted esté seguro de su culpabilidad.

16. Nunca deje pasar la desobediencia sin la disciplina apropiada. Si sus hijos saben que merecen un castigo y se dan cuenta que usted lo sabe, pero usted no tiene la fuerza moral para administrárselo, entonces ellos aprenden a menospreciarlo a usted y viven bajo condenación. La disciplina, cuando es llevada a cabo propiamente, no hará que sus hijos sientan que usted los rechaza o los desprecia, sino que los ama.

17. No castigue a sus hijos dos veces por la misma ofensa.

18. No pida a sus hijos que hagan algo que usted mismo no quiere hacer.

19. Enseñe a sus hijos a que trabajen con gusto hasta terminar la tarea.

20. Nunca amenace a sus hijos con eso de que Dios los va a castigar.

21. No permita que sus hijos deshonren el nombre de Dios, ni con palabras ni con hechos.

22. Enseñe a sus hijos con su ejemplo a que las cosas espirituales y eternas son de más valor que las cosas materiales.

23. Sea honrado con sus hijos sin excepción alguna. No prometa lo que no va a cumplir.

24. Si usted o su cónyuge no están de acuerdo en como actuar con sus hijos en alguna situación determinada, no lo discutan en presencia de ellos. Sus hijos deben saber que ustedes están unidos y que ellos nunca podrán ir a uno de los cónyuges para conseguir lo que el otro prohibió.

25. Dependa de Dios para que Él haga la obra que usted no puede hacer en los corazones de sus hijos. Pídale a Dios en oración cada día por sus hijos.

“El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; mas el que lo ama,  desde temprano lo corrige.” Proverbios 13:24.

“Instruye al niño en su camino, y aún cuando fuere viejo no se apartará de él.” Proverbios 22:6.

“Y vosotros, padres,  no provoquéis a ira a vuestros hijos,  sino criadlo en disciplina y amonestación del Señor.” Efesios6:4.

Compilado por Ernesto Sttrubhar.

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